PROLOGO de Santiago Castelo para el libro «Las palabras del aire».
José María Lorite es un poeta irrefrenable. Todo en él es pasión, entrega, exaltación inconformismo. El dolor que su tierra le produce ha hecho que de él broten, amorosamente, unos poemas fundamentales para entender la tragedia y la desesperanza de Extremadura. No sé si Almendralejo, su pueblo, sabe con el escritor, con el abanderado, que cuenta. Yo, que he recitado con él por los más sufrientes rincones de la emigración, puedo afirmar que José María Lorite es el grito de Almendralejo en pie de carne viva. Hay en este libro una hermosa declaración de amor a su pueblo en la que el poeta mientras sueña pasajes de la niñez siente cómo la distancia lo está matando de melancolías.
«Las palabras del aire» sale a la luz cuando José María Lorite ronda los veintinueve de su edad. Su primer libro «El hombre que me aloja» (1984) supuso un aldabonazo en la languideciente poesía social, tan injustamente tratada en estos años. De alguna forma, fue un resurgimiento.
Con este libro, Lorite no abandona su enfebrecido son de bardo que no claudica. Dice que sus versos le han nacido del aire. Y como el aire tienen, a veces, vendaval de reivindicaciones; a veces, brisa enamorada; a veces, silbo dolorido… Y es que, bajo esta apariencia de indolente alegría, de sarcasmo político, de revolucionario de otra época lo que hay, de verdad, en José María Lorite es un poeta estremecedor.
SANTIAGO CASTELO
